El monje del turbante blanco

 Sinopsis:

Martí de Rodes se ve obligado a huir del monasterio benedictino en el que es novicio, pero en su huida es apresado por unos piratas berberiscos. Encadenado al remo durante años, participa en los asaltos que los hermanos Barbarroja, dueños de los grandes mercados de esclavos de Túnez y Argel, perpetran por todo el Mediterráneo. Poco a poco, gracias a su inteligencia y su don de lenguas, se gana la confianza de sus captores. En pleno siglo XVI, con el Mediterráneo convertido en un campo de batalla entre cristianos y otomanos, Martí se sentirá dividido entre dos mundos que no son tan diferentes como creía. La XXVI novela ganadora del Premio Nostromo, una trepidante lectura.

Reseña:

Una novela histórica de aventuras que serviría perfectamente para definir el género, pues   lo   tiene   todo:   acción, intriga, aventuras, y   un   contexto   histórico   muy   bien elaborado. La acción transcurre durante el primer cuarto del siglo XVI. El protagonista nos va mostrando el mar Mediterráneo, que puede decirse que actúa como un personaje principal de la novela. Las descripciones de Túnez, Argel, Bujía, Estambul, son magnificas; la batalla por la conquista de Djerba donde muere García Álvarez de Toledo, padre del que sería el Gran Duque de Alba; el acoso por parte de los Barbarroja a los barcos de transporte de tropas a Nápoles y Sicilia. Los intentos de toma de Bujía, la conquista de Argel; la vida en Rodas de los caballeros hospitalarios y su posterior rendición tras el asedio de Solimán el Magnifico… son temas que están presentes en la novela.

El autor, muy hábilmente, consigue que vayamos descubriendo todo este mundo de nuestro pasado al mismo tiempo que lo descubre Martí de Rodes, el protagonista de esta historia; con la desconcertante mirada, al principio, del que se enfrenta a lo desconocido en un constante aprendizaje, y con una mirada solvente e instruida ya hacia al final, fruto de la experiencia acumulada. En este sentido el arco del personaje es notable y su evolución muy bien construida. No se trata de un personaje “victima”, mero espectador de los sucesos que se narran. Aunque a Martí le pasa de todo, sabe salir airoso gracias a su inteligencia, a los conocimientos adquiridos de novicio en el monasterio de Sant Pere de Rodes y a los que irá adquiriendo a lo largo de la trama, aunque no sin un gran esfuerzo y muchos sacrificios.

El negocio del tráfico de cautivos, la actuación de los Mercedarios, los banqueros genoveses, el rescate de moriscos que huían de España; el mundo de los renegados que toman el turbante y se convierten en Rais corsarios; la vida en la corte otomana… Todo se nos muestra en un contexto histórico sin edulcorantes, mostrando la dura realidad de la época, pero al mismo tiempo sin recrearse ni ensañarse en las más duras escenas, anteponiendo siempre la aventura. Se nota que el autor quiere que disfrutemos con su lectura.

Particularmente, a mí me ha despertado la curiosidad para ahondar más en el conocimiento de los sucesos históricos que se narran o de los personajes reales que aparecen, como los hermanos Barbarroja, Solimán el Magnífico, su gran Visir Ibrahim Pasha, Philippe Villiers, Gran Maestre de los hospitalarios en Rodas, el joven Jean Parisot de la Valette, futuro defensor de Malta, Pedro Navarro y García Álvarez de Toledo.

Pero no solo la parte histórica está desarrollada con una ambientación sólida y verosímil, resultado de un muy satisfactorio proceso de documentación, sino que el autor despliega toda una serie de conocimientos náuticos que son verdaderamente sorprendentes, para mayor disfrute de los amantes de la navegación. Afortunadamente el autor se apiada también de los que no estamos tan familiarizados con el lenguaje naval, e incluye, al final del libro, un glosario de los términos náuticos utilizados. Cabe añadir que la novela fue galardonada con el XXVI Premio Literario Nostromo La Aventura Marítima.

En resumen, una novela   histórica   de   aventuras   que   me   ha   hecho   pasar   un   rato   muy   agradable   y entretenido. ¡Muy recomendable!

 

Travis

 

Travis

 Relato publicado en la antologia benéfica Huellas, en beneficio de la Protectora Rivera Navarra, 2023

El pequeño bichón maltés está jugando con la pelota, pero se detiene cuando ellas salen al jardín, mueve la cola y hace varios amagos de empezar a correr.

—Ya sé lo que quieres —dice Marina cogiendo la pelota.

Travis empieza a saltar a su alrededor hasta que se la lanza y sale disparado tras ella. La coge entre sus dientes y sigue corriendo a gran velocidad alrededor del jardín, esquivando los intentos de Marina por cogerle la pelota.

—Ya le ha dado el siroco —dice Nuria riendo.

Travis se detiene al oír la voz de Nuria, se le acerca y deja la pelota a sus pies.

—Que pesadito es tu perrito, Marina.

—Anda, tírasela. Si le hicieras más caso no insistiría tanto contigo.

Nuria recoge y lanza la pelota y el perro sale corriendo tras ella, pero se detiene, gruñendo, al llegar a la verja del jardín.

—¿Qué pasa, Travis? —pregunta Marina.

—Hola. —Se oye una voz al otro lado—. Imaginé que estarías aquí fuera, porque he llamado por la puerta principal y no has abierto.

—Hola, Jaume. Pasa —dice Marina abriendo la verja. Travis se le acerca, olfateándolo—. Esta es mi amiga Nuria, también se apunta a la excursión.

—Oh, mucho gusto —dice Jaume mientras intenta zafarse del perro, que se mueve entre sus piernas.

Entran en el piso y Travis se sienta en su camita, mirándolos.

—Espera un momento aquí mientras subimos a buscar las mochilas —dice Marina.

—¿Este es tu portátil? ¿Lo puedo usar? Es que tengo que mandar un correo urgente al jefe, ya sabes cómo es…

—Sí, claro —dice Marina tecleando—. Ya está desbloqueado.

Travis mira primero a Jaume y después a Marina y Nuria, que suben las escaleras. Finalmente se va tras ellas. Cuando entran en el dormitorio se tumba encima de la cama.

—Baja de ahí —dice Nuria haciéndole un gesto.

—Déjalo, solo sube un ratito, bajará enseguida.

—Pues esta noche se ha subido a dormir. Tú no te has dado cuenta, pero yo es que no estoy acostumbrada.

—Tendría celos. —Ríe Marina.

Travis olfatea el aire, salta de la cama, corre escaleras abajo, y se tumba en su camita mirando a Jaume. Este se gira y le guiña un ojo, mientras saca un pendrive del portátil. Travis gruñe por lo bajo.

—No sé por qué no te gusto. Solo soy un compañero de trabajo de tu ama.

El bichón maltés sale de nuevo disparado hacia arriba y se para en el umbral de la habitación, meneando la cola.

—Tienes que decírselo, Marina. Le estás dando falsas expectativas.

—¿Y qué le digo? ¿Que te acabas de mudar a mi casa? ¿Le explico también lo bien que lo pasamos anoche?

—Vale, vale, tú verás…

—Mira, si se hace ilusiones es su problema. Es un pesado, y creo que su interés por mí tiene que ver más con esta casa que conmigo: me debe ver como un buen partido. Pero yo aún no pierdo la esperanza de que me renueven el contrato ahora que he terminado el proyecto, y él tiene muy buena relación con el jefe. Así que, interés por interés.

—A lo mejor no deberías haber terminado ese revolucionario proyecto de energías renovables.

—Es que en realidad no está bien acabado. La parte del final, la buena, quiero decir, la desarrollé solo para mí. Es mi as en la manga; si quieren dar por terminado mi contrato, les explicaré que he pensado una forma increíble de mejorarlo.

—¿Ya estáis listas? —se oye la voz de Jaume desde abajo—. Mejor no salir muy tarde que luego aprieta el calor.

 

 

Travis corretea entre los tres mientras salen del pueblo. De vez en cuando se acerca a un árbol para mear.

—Es curioso. Siempre que lo sacas a pasear hace sus necesidades en los árboles —comenta Nuria.

—Es que es un perro muy listo, aprendió muy rápido, ya de pequeñito —dice Marina.

—Los perros son tontos —la contradice Jaume—. Por eso aprenden rápido. Si fueran listos se rebelarían. ¿Quieres que mee en el árbol? ¡Pues va a ser que no!

Marina se para y mira fijamente a Jaume. Nuria interviene:

—A ver chicos, calma, ¿por dónde subimos a Montserrat?

—Subiremos por el Camí Vell y bajaremos luego por Les Feixades —dice Marina.

 

Se detienen al cabo de unas dos horas caminando por la fuerte subida, beben agua de las cantimploras y Marina llena un pequeño cuenco plegable que deja en el suelo. Travis bebe ávidamente.

—¿Cómo es que te viniste a vivir aquí, a Collbató? —pregunta Jaume y Marina le da un ligero codazo a Nuria.

—Mi padre entró de enólogo en unas cavas de Sant Sadurní cuando yo era pequeña y nos vinimos a vivir aquí, a solo veinte minutos en coche del trabajo.

—¿Y tu madre? —pregunta Nuria.

—Mi madre es maestra y consiguió plaza en un colegio público de Esparraguera. Pero cuando murió papá volvió a Barcelona, donde tenía su plaza definitiva, para estar cerca de mis tías, sus hermanas. Yo preferí continuar viviendo aquí, amo este lugar.

—Y te compraste un perrito para no estar sola —dice Nuria.

—En realidad el cachorrito apareció un día en mi jardín. Supongo que alguien lo abandonaría.

—Pobrecillo —dice Nuria agachándose para acariciarlo.

—Mi madre cree que es mi ángel de la guarda. Que por eso apareció cuando me quedé sola viviendo aquí.

—¡Hombre! Si fuera un pastor alemán aún, pero míralo, es más bien un perro inofensivo —dice Jaume. Travis se acerca a un matorral, mea, y después empieza a rascar el suelo hacia atrás con las patas—. ¡Eh, que me estás llenando las botas de tierra! —exclama.

—¿Por qué hace eso? —pregunta Nuria.

—Es para extender su olor. Mean donde ya lo han hecho otros perros, para marcar su territorio.

Suena un clinc y Travis adopta posición de alerta.

—Es un mensaje del jefe —dice Jaume mirando el móvil—, pero no se me ha descargado bien.

—Aquí hay poca cobertura, más adelante mejora —dice Marina.

—Pues si no os importa me adelanto un poco. ¿Es seguro el camino?

—Tranquilo —contesta Marina—, hay algún tramo complicado, pero tú sigue a Travis que se lo conoce de memoria.

—No creo que venga conmigo, no le caigo bien.

—Ja, ja, ja. No te preocupes que lo vas a tener a tu lado enseguida. Cuando salimos a caminar en grupo y nos distanciamos unos de otros, no para de ir de adelante a atrás, para asegurarse de que estamos todos bien. Es un perro muy leal.

Jaume asiente acelerando el paso y Travis lo sigue de cerca. De vez en cuando se para y al ver a lo lejos a Nuria y Marina continua detrás de Jaume. Al cabo de una media hora lo pierde de vista tras unas rocas y sale disparado hasta alcanzarle.

—Hola, perro, veo que no hay manera de librarse de ti.

Travis se sienta y gruñe por lo bajo. Jaume saca el móvil.

—Ya puedo hablar… Espere, ha habido un golpe de suerte, ¡lo tengo!… Sí, lo he copiado todo en un pendrive —dice sacando instintivamente el dispositivo del bolsillo— … ¿Ahora?… Es que no estamos solos, ha venido también una amiga suya… Vale, pero no se lo piense demasiado, aunque me he adelantado algo en el camino, no tardaran en alcanzarme… ¿Un mensaje? Okey, pero que no sea muy explícito, ya sabe, las cosas por escrito...

Travis se adentra en un estrecho sendero siguiendo el rastro de unas huellas. Al cabo de un rato se detiene y mira a Jaume.

—Eh, chucho, ¿seguro que este es el camino? Menuda caída libre hay desde aquí. Vaya, y gracias. ¡El sitio es perfecto!

El perro agudiza los oídos y ladra.

—¡Jaume! ¡Travis! ¿Dónde estáis? —se oye a lo lejos la voz de Marina.

Al oírla, el bichón maltés sale disparado pasando entre las piernas de Jaume, haciéndole perder el equilibrio.

—¡Mierda! —exclama este, soltando el pendrive y el móvil para sujetarse, colgado en el borde del precipicio—. ¡Maldito perro! —Travis se para y se le acerca ladrando y gruñendo—. Ve a buscarlas, ¡corre!

Travis se gira y las ve aparecer a lo lejos. Ellas corren al verlos. El bichón maltés olisquea un matorral que tiene al lado, mea, y después empieza a rascar el suelo.

—¡Para! Me estás lanzando tierra en toda la cara —dice Jaume, soltándose de una mano para protegerse, pero al hacerlo pierde apoyo y cae gritando al vacío.

—¡Dios mío! —exclama Marina al llegar y asomarse por el borde—. Nadie puede sobrevivir a una caída así —dice llorando, dejándose caer al suelo—. ¡Oh, Dios! ¿Por qué te has metido por aquí, Travis?

Nuria llega también jadeando y se sienta a su lado, abrazándola.

El perro coge algo entre sus dientes y lo deja a los pies de Marina.

—Ahora no, Travis… Pero…, si esto es un pendrive… ¡Y es mío! —dice Marina cogiéndolo—. ¿Cómo ha llegado aquí?

—¡El portátil! —exclama Nuria. En ese momento se oye un clinc. Nuria recoge el móvil de Jaume del suelo—. Le ha llegado un mensaje —dice pasándoselo a Marina.

—Es de nuestro jefe. El móvil está todavía desbloqueado… No entiendo nada.

—¿A ver? —dice Nuria, cogiéndole el móvil—. Es un GIF del final de la película Thelma y Louise.

—¿Y eso qué significa? —dice Marina.

—Creo que significa que tu perrito nos ha salvado la vida…, ¡a las dos! —dice Nuria, mientras Travis le lame las lágrimas a Marina.

 



El e-diario de Sandra

 

El e-diario de Sandra


De: diariodesandra@gmail.com

Para: diariodesandra@gmail.com

9 de diciembre de 2019, 03:25

Asunto: ¡Víctor y victoria!

Hace ya un rato que Víctor se ha marchado. Hemos ido a cenar para celebrar el éxito del juicio y, después, al tomar una última copa en mi casa, ha pasado lo que tenía que pasar. Se ha entretenido en los preliminares hasta que ya no he podido más y lo he conducido dentro de mí. Hacía tiempo que no sentía que un placer tan extenuante se apoderaba de todo mi cuerpo, sacudiéndome en oleadas y acariciándome los sentidos hasta alcanzar el cielo. 

Tras el intenso y desbocado momento de pasión, nos hemos estirado en la cama y, ya más relajados, hemos charlado un rato. Es muy curioso lo que me ha contado. El tema ha surgido cuando le he comentado la suerte que hemos tenido de que el juicio saliera bien, porque si no, no hubiéramos podido disfrutar de este momento tan especial. Me ha dicho que de suerte nada, que yo soy muy buena abogada, y ha añadido que él ya sabía que ganaríamos, porque conocía mi potencial para hacer que las cosas pasaran.

Le he dicho que no tenía por qué disimular conmigo, que ya sé que es un estafador, pero él ha insistido. Me ha pedido que mirase en mis recuerdos, que estaba seguro de que aquello que había deseado sinceramente, finalmente había pasado. Me he quedado pensativa unos momentos y quizás tiene parte de razón: con quince años decidí que llegaría a ser abogada, pese a provenir de una familia humilde de muy pocos recursos; con veinticinco quería entrar como fuera en este prestigioso bufete, y hace poco deseé intensamente que me asignaran el caso del atractivo adivino de la televisión.

Por el contrario, siempre he deseado tener una larga relación y poder formar una familia, pero nunca ha funcionado. Dice que seguramente es porque hay algo que me hace creer que ese es un deseo difícil de cumplir, pero que él sabe con certeza que puedo conseguir todo lo que realmente anhele de verdad. No me lo he tragado, pues con la hipoteca que tengo y viviendo sola, deseo con toda mi alma que me toque la primitiva y no hay manera.

Pero tiene respuestas para todo, pues según él los deseos deben poder cumplirse, no se trata de magia, sino de confabularse con las leyes de la naturaleza para que las cosas se precipiten en la dirección adecuada. Hacer que las bolitas de la lotería se ordenen de una forma predeterminada, cuando dan vueltas en el bombo, es algo físicamente imposible, dice. O sea, que en el fondo me ha confesado que es un falso clarividente y que no puede adivinar el futuro. Y con toda tranquilidad lo ha reconocido, añadiendo que lo que hace es deducir qué cosas verosímiles desean las personas que le consultan, y les refuerza el convencimiento de que esas cosas sucederán.

Le he preguntado cómo se hace esto de los deseos, si es necesario seguir un guion para pedirlos. A su juicio, los rituales pueden ayudar. Dice que en la historia y en las costumbres hay muchos ejemplos: desde sacrificios a los dioses hasta poner velas en las iglesias. No hay una sola manera, hay quien tira monedas a un pozo o mira la luna llena. Cada uno debe elegir su fórmula para hacerlo, pero dice que los deseos tendrán mucha más fuerza si los pides en fin de año justo después de las campanadas.

Por suerte a mí no me ha hecho falta esperar tanto, en el fondo deseaba ganar y así poder derribar las barreras que he tenido que levantar frente a sus constantes insinuaciones mientras duraba el juicio. Pero no me puedo fiar, por mucho que él diga que mantener una relación estable depende solo de mi anhelo.


De: diariodesandra@gmail.com

Para: diariodesandra@gmail.com

1 de enero de 2020, 00:05

Asunto: Lo que me gustaría para el 2020

Sí, Sandra, te dijiste a ti misma que no creías en estas cosas, pero nunca se sabe. Ya he decidido cuál será mi ritual: enviarme por aquí mis deseos para este año nuevo. Me he escapado un momento del estruendo fulgor de la fiesta, y aquí estoy, en el baño, con el móvil en la mano. Tengo que darme prisa antes de que Víctor repare en mi ausencia.

Vamos allá: quisiera llegar tranquilamente a fin de mes, pero tampoco pido que me toque la lotería, que ya sé que eso es difícil. A ver si me explico; no es solo la hipoteca que he de pagar, es el coger cada día el coche para ir a trabajar con el precio de la gasolina por las nubes, es comer siempre fuera de casa, el salir con las amigas a cenar o de fin de semana, el ir al cine... En fin, vivir cuesta dinero. Y ya que estamos, también quisiera no tener que ir a trabajar teniendo siempre a José María en la mesa de al lado, y tener que aguantar su hipocresía como si no pasara nada, cuando seguro que está pensando cómo clavarme una puñalada por la espalda. El pobre no superó que en su momento lo rechazara, poco después de entrar en el bufete, y ahora me la tiene jurada.

Y hablando de relaciones, por ahora prefiero no pedir nada. Sigo aturdida por el deseo que se apodera de todo mi ser con solo notar la presencia de Víctor, que no me deja pensar con claridad. Pero ¿qué pasará cuando la pasión pierda su fuerza, dejando entrar la estable monotonía del placer conocido, de las caricias esperadas, que no por anheladas dejaran de ser repetidas? Una relación estable y un amor duradero no puede surgir tan solo de un deseo escrito a medianoche. Si ha de llegar ya llegará. La verdad es que también estoy muy a gusto como estoy, viviendo sola sin nadie con quien compartir mi espacio ni justificar mis manías. ¡Ojalá pudiera quedarme en casa todos los días! Aunque tampoco pido que me toque la lotería, que ya se que és difícil.  No sé cómo hacerlo, no se me ocurre nada verosímil que lo pudiera justificar, que no sea una larga enfermedad, y no, esto NO lo deseo; al contrario, quiero estar en forma y tener muy buena salud.

Céntrate, Sandra, que estás divagando. Bien, a lo que estamos. Tampoco quisiera parecer egoísta y pensar solo en mi bienestar. También me preocupa el mundo en el que vivimos. Soy consciente de que los recursos del planeta no son ilimitados y creo que es necesario que se relaje un poco esta loca sociedad de consumo que nos tiene abducidos, así que estaría bien que el ser humano dejara de contaminar tanto el medio ambiente. ¡Que paren las emisiones de coches y aviones y que vuelva el aire puro! ¡Dejemos de consumir y comprar todas esas cosas que no son necesarias! La gente debería salir menos de juerga y pasar más tiempo con la familia. Creo que se entiende lo que quiero decir.

 Ya oigo como dice mi nombre, buscándome, y noto como las mariposas empiezan a revolotear en mi estómago. Sé lo que va a hacer: entrará en el baño y me empujará contra la pared para penetrarme de pie, y yo lo estoy deseando. A él le gusta este tipo de riesgo y sabe que ahora yo también lo disfruto. ¿Cómo he cambiado tanto? Nunca antes lo había hecho en otro lugar que no fuera la cama. ¿Por qué tiene este poder sobre mí?

Vuelvo a divagar y ya no hay tiempo, está entrando. Bueno, sea quien sea quien otorga los deseos debe comprender que no tengo mucha experiencia en cómo se deben formular, así que lo que pueda ser, bienvenido será.

 

De: diariodesandra@gmail.com

Para: diariodesandra@gmail.com

1 de marzo de 2020, 19:20

Asunto: Re: ¡Víctor y victoria!

He entrado a releer el primer mail sobre Víctor y ¡hay que ver cómo cambiaron las cosas! Todo se fue torciendo poco a poco después de año nuevo. Además, había algo extraño en él. Algunas cosas que decía, así de pasada como sin darle importancia, dejaban entrever que no fue tan casual que me asignaran su caso. Empecé a sospechar que había movido algunos hilos para que fuese así y también empecé a tenerle algo de miedo, aunque nunca se mostró agresivo conmigo, eso hay que reconocerlo.

Pero no podía dejarme llevar hacia una relación estable con alguien que en realidad seguía siendo una persona desconocida para mí, a pesar de haber convivido tan estrechamente unos meses, alternando su piso con el mío. Cómo no, él volvió a sacar el tema de mis temores con las relaciones estables, insistiendo en que era justamente eso lo que impedía que mis deseos de formar una familia se cumplieran. Pero esta vez no me dejé engañar por sus siempre persuasivos razonamientos; sus devaneos con otras eran demasiado evidentes, aunque insistiera en negarlos. Sin embargo, a pesar de haber finalizado nuestra relación y anulado cualquier contacto, no logro desprenderme del todo de su influencia, y su paso por mi vida parece haber alterado el orden de las cosas.

Encima, ahora tengo a José María en el trabajo maquinando todo el tiempo en mi contra. Se ha lanzado a una cruzada para desacreditarme, haciendo correr el rumor de que mi relación con Víctor comenzó durante el juicio y no después. ¡Será canalla! Ya me lo advirtió Víctor: al cumplirse un deseo se altera el curso natural de los acontecimientos y es posible que algunas personas salgan perjudicadas. Es lo que él llama efectos colaterales. Pero qué estoy diciendo, otra vez Víctor. Sin darme cuenta vuelvo siempre a él. Tengo que deshacerme de esta nociva influencia y pasar página. ¡Basta ya! ¡A la mierda Víctor, José María y todos los hombres! Solo quieren poseerte y, si no pueden, intentan hundirte. 

 

De: diariodesandra@gmail.com

Para: diariodesandra@gmail.com

1 de mayo de 2020, 14:05

Asunto: Re: Lo que me gustaría para el 2020

Esta mañana me he levantado pronto para salir a correr. Por fin podemos salir a hacer algo de ejercicio, aunque solo muy temprano por la mañana. Más tarde, tras la enésima videoconferencia de trabajo, he podido por fin hablar con mi hermana. Hasta ahora Yolanda no tenía mucha cobertura en el pueblo, pero dadas las circunstancias, el Ayuntamiento ha habilitado un wifi abierto para todo el municipio, mientras dura esta inusitada situación.

Aún estoy temblando. Hemos estado comentando el vídeo del exgeneral ruso que me ha enviado por WhatsApp. El tipo ve detrás de todo esto fuerzas escondidas para controlar la densidad de la población y limitar las libertades de la gente. Mi hermanita siempre ha sido demasiado crédula con estas cosas, y le he hecho ver que lo que de verdad da miedo es que altos mandos militares, influidos por sus propias paranoias conspiratorias, puedan tomar algunas irreversibles decisiones. Le he puesto ejemplos de cómo, si uno quiere, podría deducir una conspiración de lo que está pasando ahora detrás de cualquier cosa y, de repente, me he quedado helada al recordar el mail de la fiesta de fin de año. Me he medio mareado y le he puesto una excusa rápida para colgar.

He releído los ya casi olvidados deseos. ¡No puede ser! ¿Quién era Víctor en realidad? Desde que comenzó todo esto desapareció de la televisión. Acabo de llamarle al móvil y una voz me dice que es un número inexistente. ¡Dios mío, los efectos colaterales! ¿Habré vendido mi alma al diablo? ¿Y los muertos? ¿Y los cientos de miles de muertos en todo el mundo?